El dinero no es una mera moneda de cambio. Más allá de su valor económico, tiene un valor ético que se manifiesta cada vez que lo ganamos y lo gastamos. Ser conscientes de cómo lo usamos es, en el fondo, una forma de respetar nuestro tiempo, el trabajo de otros y el entorno en el que vivimos.
El dinero ocupa muchas conversaciones, pero pocas reflexiones honestas. Se le exige rendimiento, estabilidad, crecimiento. Se le atribuyen éxitos y fracasos. Sin embargo, rara vez se habla de lo que realmente representa.
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