Educación financiera | 7 agosto, 2017

Inflación y petróleo, la delgada línea negra

Daniel Luengo Advisory Department

A raíz de la crisis que estalló en 2008 en EE.UU. los bancos centrales cobraron un protagonismo aun mayor del que ya tenían para mantener a flote sus maltrechas economías. Con los tipos de interés en mínimos, las principales economías tuvieron que acudir a medidas no convencionales y poner en marcha programas de compra de deuda, los conocidos como QE (Quantitative Easing). Pero conviene detenernos un instante en descubrir que lleva a tomar estas medidas excepcionales y para ello debemos de tener en cuenta los mandatos principales que guían las políticas monetarias de los bancos centrales.

Aunque de manera extraoficial hay muchas variables que guían sus decisiones, lo cierto es que de manera oficial su principal obligación es mantener una estabilidad de precios con la inflación en torno al 2%. Con una relación inversa, las bajadas de tipos deberían ayudar a que la inflación repunte mientras que las subidas producirían un efecto contrario frenando la inflación. A partir de la crisis de 2008, la inflación se contrajo a nivel mundial de manera abrupta, obligando a los bancos centrales a actuar bajando los tipos de interés y, cuando esto fue insuficiente, acudiendo a las ya mencionadas medidas no convencionales.

Puesta en valor la importancia de la inflación, deberemos de prestar atención a los principales drivers que la guían. Y es aquí donde nos detenemos en uno de sus componentes principales, el petróleo. En la gráfica que mostramos a continuación vemos la estrecha relación que hay entre petróleo e inflación en EE.UU.

GRafico_Bancos-centrales_inflacion_petroleo

Con el precio del crudo manteniéndose lateral parece bastante difícil que la inflación pueda repuntar.

Es por ello que llama aún más la atención el ritmo de subidas de tipos que pronostica la FED y que, de llevarse a cabo podría encarecer el USD, golpeando el petróleo a la baja y poniendo aún más presión en la inflación. No es fácil el menester que tiene entre manos Janet Yellen con una necesidad de normalizar las políticas monetarias para tener herramientas para futuros periodos de inestabilidad pero a la vez con una presión de la inflación que no termina de repuntar.

De la disyuntiva a la que se enfrenta la FED y como la resuelva seguirá siendo elemento principal en el devenir de los mercados por lo que una gestión activa de la situación puede ser crucial para conseguir retornos positivos con baja volatilidad en un entorno más que complicado.