¿Puede un algoritmo acompañarte en los momentos difíciles? La inteligencia artificial plantea nuevas posibilidades en el cuidado del bienestar emocional: estar disponible cuando un terapeuta no puede, adaptarse a cada persona y ayudar a sostener el equilibrio emocional del día a día. Ya está empezando a cambiar la forma en que cuidamos la mente y, por extensión, cómo tomamos decisiones. En esta nueva entrega de la serie ‘Vivir Mejor’, hablamos con Patricia Arean, psicóloga clínica y pionera en intervenciones digitales en salud mental.
Más de mil millones de personas en todo el mundo sufren trastornos de salud mental, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las enfermedades derivadas de estos desórdenes constituyen la segunda causa mundial de discapacidad prolongada, disminuyen los años de vida saludable y generan elevados costes en atención sanitaria. También provocan importantes pérdidas económicas a nivel global: el organismo de la ONU estima que la depresión y la ansiedad, como los casos más habituales, cuestan a la economía global alrededor de un billón de dólares estadounidenses al año.
Patricia Arean, profesora de Psiquiatría en la Universidad de Washington (EE.UU.), psicóloga clínica y pionera en intervenciones digitales en salud mental, nos explica que gran parte de la investigación en este ámbito es aún incipiente. Los datos sobre la eficacia de la inteligencia artificial siguen siendo preliminares, con escasos estudios que no recopilan datos “más allá de las 12 semanas”. Aun así, ya se están desarrollando soluciones dentro del ámbito de las llamadas herramientas de bienestar, muchas de ellas todavía en fases regulatorias.
Un asistente personalizado que ayuda a analizarse
Arean sugiere que las personas perciben a la IA como una guía muy útil para encontrar información con la que tratar de resolver sus problemas o mejorar su estado anímico. “Las personas no usan la IA de la misma manera que usan la terapia tradicional. En lugar de hablar semanalmente con un terapeuta, la gente utiliza la inteligencia artificial con frecuencia, cada día; luego deja de usarla por completo, y después vuelve a utilizarla de manera diaria”, ilustra. La IA funciona como un apoyo a demanda para los problemas cotidianos: recurren a ella cuando las cosas se complican; cuando todo va bien, dejan de usarla hasta que la necesitan de nuevo.
En una investigación titulada “Inteligencia artificial y su impacto en la psicología humana”, publicado en la revista Mediciencias de la Universidad Técnica de Ambato, en Ecuador, los doctores Luis Fabián Salazar-Garcés y Diana Catalina Velastegui-Hernández aseguran que la IA ya es capaz de proporcionar terapias, tratamientos personalizados e intervenciones completamente adaptadas a las necesidades de cada paciente desde una disponibilidad absoluta: 24 horas al día, 7 días a la semana. De esta forma, el acceso a servicios de salud mental podría ser pleno.
Patricia Arean nos insiste en que la mayoría de las personas no piensa en la IA como un sustitutivo, sino como un complemento. Y ejemplifica con su país: “Debido al limitado número de terapeutas en salud mental que tenemos en Estados Unidos, invertimos en atención complementaria, desde el apoyo entre iguales hasta entrenadores que trabajan junto a un terapeuta. La inteligencia artificial podría también desempeñar ese papel”, explica la experta, al tiempo que remata: “La IA puede servir en un futuro como educadora, o como apoyo transitorio mientras los pacientes esperan su cita con el terapeuta”.
Este escenario ya se está produciendo en otros países: el Servicio Nacional de Salud británico (NHS, por sus siglas en inglés) facilita a los pacientes información sobre su enfermedad y su situación actual mientras aguardan una cita médica con su terapeuta. “Este acompañamiento es otro posible buen uso de la inteligencia artificial”, añade la investigadora de la Universidad de Washington.
No obstante, especialistas como Pere Castellvi, profesor del departamento de Medicina de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC), advierten de que el factor humano, el criterio profesional, el juicio y la experiencia clínica o la relación entre paciente y profesional son aspectos que nunca podrán ser sustituidos. “La IA no dispone de un criterio propio ni de una comprensión real de la verdad: está sujeta a alucinaciones, errores, sesgos, malos consejos y discriminaciones. Deberíamos analizar de forma crítica las respuestas que nos brinda”, advierte Castellvi en un artículo de Science Media Centre España.
Los investigadores de Ecuador afirman que la IA no deja de ser una simulación, una aproximación a la realidad carente de una empatía integral, humana y genuina que entienda a las personas de forma integral. Creen por eso que, a la larga, los pacientes pueden desconfiar y el proceso, caer en malentendidos.
Salud mental, IA y finanzas: una relación insospechada
La IA puede contribuir a erradicar trastornos mentales que influyen en todos los aspectos de la vida, incluso en las finanzas personales. Existe evidencia de que una persona rinde mejor en el trabajo y en la vida cuando se encuentra en calma, está contenta y es feliz. Patricia Arean coincide en que, si uno se encuentra bien, toma mejores decisiones. La clave está en la carga cognitiva.
La depresión o la ansiedad generan multitud de estímulos que distraen, que dificultan la concentración en otras tareas, como el trabajo o las labores domésticas. Además, explica la experta, que empeoran la cantidad y la calidad del descanso porque aparecen el cansancio, el sueño, la irritabilidad...
“En cuanto a las decisiones financieras... Si estás cansado y tienes demasiada carga, sí, también podrás tomar malas decisiones en ese ámbito. Incluso se observa un aumento de compras impulsivas en línea como forma de compensar el estado de ánimo. Pero incluso las personas felices a veces toman malas decisiones”, finaliza no sin cierta sorna.
Diversos estudios, como el análisis “Money and Happiness: Extended Evidence Against Satiation”, de Matt Killingsworth, doctor en filosofía e investigador en la Escuela Wharton de la Universidad de Pennsylvania, muestran que mayores ingresos suelen asociarse con una mayor felicidad. Sin embargo, la relación entre dinero y felicidad no es lineal ni ilimitada.
En este contexto, la inteligencia artificial empieza a posicionarse como una herramienta de apoyo en el cuidado de la salud mental. Pero hay una evidencia clara: una mente en equilibrio toma mejores decisiones. También en el ámbito financiero.