El reloj interno: la ciencia que está cambiando nuestra forma de descansar

Dormimos menos, cenamos más tarde, vivimos pegados a pantallas y trabajamos en horarios que desafían el día y la noche. En medio de este ritmo acelerado, la tecnología puede ayudar a las personas a reconectar con sus ritmos biológicos naturales, los llamados ciclos circadianos, que regulan funciones esenciales como el sueño, la temperatura corporal o la producción de hormonas. Hablamos con Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas, especialista en cronobiología y director del Laboratorio del Tiempo de la Universidad de San Andrés (Argentina).

“Todos tenemos un pedacito de cerebro que mide el tiempo y le dice al cuerpo qué hora es. Este reloj interno es el que marca el horario corporal, pero se tiene que poner en hora con el mundo. Se sincroniza cada día con la luz solar. Si no se ajusta, iríamos desfasándonos un poquito cada día hasta acabar totalmente desacompasados”, explica el doctor Golombek.

Ese ajuste del reloj interno es “fundamental para la salud, el estado de ánimo y la productividad”. Él lo tiene claro: el estrés y la ansiedad son el enemigo público número uno de este ciclo y también “la falta de exposición a la luz natural durante el día y la excesiva exposición a la luz artificial durante la noche”.

Consecuencias de un reloj interno desajustado

Las consecuencias de un desarreglo del sueño, las comidas a deshoras o el uso inadecuado de las pantallas incluyen “somnolencia diurna al día siguiente, cambios en el estado de ánimo, dificultades de  concentración y problemas en la consolidación de la memoria. Si no tenemos sincronizado el sueño, se va a enfermar más”, concluye Golombek.

Además, la Asociación Americana del Corazón ha advertido que las alteraciones del ritmo circadiano están vinculadas con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Y la Academia Americana de Neurología ha descubierto que las personas con ritmos más irregulares tienen más riesgo de desarrollar demencia.

"Todos tenemos un pedacito de cerebro que mide el tiempo y le dice al cuerpo qué hora es. Este reloj interno es el que marca el horario corporal"

La tecnología que ayuda a sincronizar nuestros ritmos biológicos

Para entrenar nuestro reloj interno, una de las soluciones más visibles son los dispositivos portátiles de monitorización o wearables, capaces de recopilar información sobre nuestros ritmos biológicos y hábitos diarios. Relojes inteligentes, anillos biométricos y pulseras de actividad recopilan datos sobre nuestro sueño, temperatura corporal, frecuencia cardíaca o niveles de actividad física para detectar alteraciones circadianas y proponer rutinas más saludables.

“La miniaturización de estos sensores para determinar de manera personalizada y ambulatoria todos nuestros ritmos biológicos es uno de los principales avances. Ya funcionan sensores que van directamente en las prendas, y sensores que miden la frecuencia ventilatoria en la respiración. Estos dispositivos permiten monitorizar variables relacionadas con la actividad del sistema nervioso, la respiración, el movimiento o la temperatura corporal”, comenta Golombek.

La iluminación inteligente se ha convertido en otro gran campo de desarrollo. En oficinas, hospitales y hogares empiezan a instalarse sistemas que modifican automáticamente la intensidad y tonalidad lumínica según la hora del día. Por la mañana predominan las luces frías y brillantes que estimulan el estado de alerta. Al caer la tarde, el sistema reduce la intensidad y utiliza tonos cálidos que favorecen la producción de melatonina, la hormona relacionada con el sueño.

Junto a los wearables, están surgiendo dispositivos capaces de monitorizar el entorno cercano al usuario sin necesidad de llevarlos puestos. Las tecnologías de cercanía, colocadas cerca del cuerpo, se centran en la iluminación y la temperatura. Hay alfombrillas neumáticas e invisibles que se ubican debajo del colchón para medir y analizar cómo nos movemos en la cama para determinar la calidad del sueño y fundas inteligentes que suben o bajan la temperatura corporal para lograr un descanso más profundo. 

En cuanto a la iluminación en los hogares, hay sistemas inteligentes que se activan en modo circadiano para frenar la melatonina durante el día y preparar el cerebro para el descanso al atardecer. Y tecnologías de radar de bajo consumo que detectan el movimiento y la respiración de la persona más próxima sin necesidad de cámaras ni parches. 

Los análisis genéticos son otra herramienta de la cronobiología para entender y modificar el reloj interno, y así identificar alteraciones genéticas que aumentan el riesgo de trastornos de las fases de sueño. “La secuenciación genómica se ha abaratado y automatizado muchísimo”, comenta Golombek, lo que ayuda a establecer la tendencia natural de una persona a ser matutina o vespertina.

En paralelo, ha crecido el interés por la llamada “crononutrición”: aplicaciones y plataformas que ayudan a ajustar los horarios de comida a los ritmos metabólicos naturales. Distintos estudios muestran que comer tarde altera la regulación energética y aumenta el riesgo metabólico. 

La inteligencia artificial aprende de nuestros hábitos

La inteligencia artificial (IA) empieza a jugar un papel clave. A medida que estas herramientas recopilan más información, son capaces de identificar patrones difíciles de detectar a simple vista y ofrecer recomendaciones cada vez más personalizadas. Plataformas digitales analizan patrones biológicos y generan recomendaciones personalizadas sobre horarios óptimos para dormir, entrenar, exponerse a la luz o incluso comer. La idea es adaptar el estilo de vida al cronotipo individual, ya que hay personas que funcionan mejor por la mañana o por la noche. Para ponerlo en práctica, existen aplicaciones basadas en IA que registran hábitos diarios y detectan en qué momentos se alcanza un mayor nivel de energía, concentración o descanso. 

Hacia el bienestar del futuro

Con todas estas soluciones tecnológicas, el bienestar del futuro estará menos ligado a rutinas universales y más a sistemas personalizados capaces de interpretar nuestros ritmos internos en tiempo real. La tecnología no busca sustituir a la biología, sino reconectarnos con ella. Después de años intentando adaptar nuestro cuerpo a las exigencias de la vida moderna, la ciencia empieza a demostrar que quizá la verdadera innovación consista simplemente en volver a escuchar nuestro reloj biológico.

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