Alimentación: la letra pequeña de lo que comemos

En un mercado donde los reclamos de salud y sostenibilidad conviven con productos altamente procesados, aprender a interpretar las etiquetas y entender los ingredientes se ha convertido en una habilidad esencial para tomar decisiones de compra más conscientes e informadas. Para entender cómo desenvolverse en este escenario conversamos con Marion Nestle, catedrática emérita de la Universidad de Nueva York y uno de los mayores referentes internacionales en política alimentaria y nutrición.

El número de personas que se preocupan por la salud y la sostenibilidad es cada vez mayor, según constata la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El estudio señala que el 65% de los hogares está dispuesto a modificar su estilo de vida en beneficio del medio ambiente. De hecho, el consumidor actual exige corporaciones más responsables, transparencia y alimentos que respeten tanto su cuerpo como el planeta. Ante este reclamo social, la industria ha respondido con rapidez llenando los estantes de envases reciclables y productos con sellos de bienestar. Pero ¿hasta qué punto estamos ante un cambio real hacia la sostenibilidad y no un caso extremo de greenwashing

Marion Nestle, catedrática emérita de la Universidad de Nueva York, nos explica que hay que dejar a un lado el idealismo y recordar la naturaleza fundacional de las grandes compañías de consumo para entender el contexto actual. “La industria alimentaria tiene un único propósito: vender alimentos y maximizar los beneficios de sus accionistas. Las corporaciones harán lo que puedan para ofrecer una buena imagen, pero si los cambios reales se traducen en pérdidas en las ventas, no los llevarán a cabo”, afirma la autora del libro “Food Politics: How the Food Industry Influences Nutrition and Health”. 

El supermercado como valla publicitaria

Caminar hoy en día por los pasillos de cualquier gran superficie se convierte en un bombardeo constante de estímulos perfectamente estudiados: colores, tipografías y etiquetas en las que se asegura que los productos son 100% naturales, bio, con 0% azúcares añadidos, para veganos o, incluso, bajos en sal. Se venden como “los más saludables”, pero son “muy pocos” los que realmente cumplen con lo que prometen. Estos sellos más visibles no significan nada si en la etiqueta que le acompañan, escrita con letra pequeña, aparece una larga lista de aditivos indescifrables, grasas refinadas o azúcares camuflados bajo tecnicismos.

En este sentido, Nestle tiene una regla de oro para no dejarse engañar en el supermercado: debemos mirar el envoltorio de los productos con el mismo escepticismo con el que miramos un anuncio en la televisión. “Piensa en el envase como una valla publicitaria diseñada para vender. Para conocer los hechos reales hay que consultar la lista de ingredientes, que muestra lo que contiene el producto por orden de peso, con el ingrediente más predominante en primer lugar, y así sucesivamente hacia abajo”, asegura. El truco definitivo, según Nestle, es “buscar alimentos reales con nombres reconocibles” y advierte que “no deberíamos de consumir productos que contengan grandes cantidades de ingredientes extraídos o artificiales”.

“No deberíamos de consumir productos que contengan grandes cantidades de ingredientes extraídos o artificiales”

El laberinto de los ultraprocesados

Los estantes de los supermercados suelen estar poblados de productos que han sido profundamente transformados respecto a su forma original. Esto significa que hay un gran nivel de alteración industrial detrás de cada uno de ellos. La ciencia de la nutrición insiste cada vez más en que el procesamiento mínimo es uno de los grandes pilares de la longevidad y el bienestar, pero encontrar un producto “limpio” en los supermercados no es una tarea fácil. 

Para no perderse en este laberinto, Nestle reduce la complejidad técnica a una comprobación muy sencilla y directa: verificar la pureza del origen. “Siempre empiezo por la lista de ingredientes. Quiero ver alimentos reales como componentes principales”, explica. Para ilustrarlo, recurre a un ejemplo tan cotidiano como el desayuno: “El cereal que compro tiene un solo ingrediente: trigo. Eso no es ultra procesado”. 

Alfabetización alimentaria: volver a lo reconocible

La desconexión entre lo que queremos comprar y lo que realmente acabamos consumiendo pone de manifiesto la falta generalizada de alfabetización alimentaria. La industria nos ha alejado tanto de las materias primas que, a menudo, delegamos nuestra salud en tablas nutricionales y porcentajes que ni siquiera entendemos. 

La realidad, a juicio de la experta, es que no hace falta analizar cada detalle técnico. Lo mejor es simplificar la mirada y centrarnos en lo evidente. “Busca nombres de alimentos que reconozcas”, aconseja Nestle. Y sostiene: “El consejo de ‘comer comida real’ tiene todo el sentido”.

El coste de comer de manera consciente

La transición hacia una cesta de la compra más ética, ecológica y libre de procesados puede chocar con nuestro presupuesto. De hecho, existe la percepción generalizada de que comer de forma saludable es un lujo exclusivo. Desde el punto de vista de Nestle, esta preocupación por la situación económica global, pero hay un matiz fundamental que cambia las reglas del juego: la cocina casera. “No me puedo creer lo que cuesta la comida hoy en día. Sin embargo, comprar comida real es mucho más fácil y acaba costando mucho menos si sabes cómo cocinar”, reconoce. 

A pesar de esta solución práctica, la nutricionista no elude la complejidad del problema actual y reconoce la gran presión que soporta el ciudadano medio en el supermercado actual: “Si estás intentando comer de forma saludable, estás luchando tú solo contra todo el sistema alimentario. Eso es pedir demasiado”.  

El reto de lograr una alimentación mejor

A pesar de los trucos de venta, la complejidad de las etiquetas y las presiones de un sistema corporativo diseñado para el beneficio económico, la salud no tiene por qué ser una meta inalcanzable. El cambio hacia un mayor bienestar no requiere transformaciones radicales de la noche a la mañana, ni sumarse a restricciones extremas. Consiste, más bien, en pequeñas decisiones cotidianas y realistas.

Para los consumidores que deseen iniciar hoy mismo su camino hacia una alimentación más consciente y transparente, la recomendación de Marion Nestle es huir de las fórmulas mágicas y apostar por la sensatez: “El cambio depende de lo que cada uno ya esté haciendo. Pero yo diría: intente comer más verduras e intente beber menos refrescos azucarados”.