Norteamérica: entre el nearshoring y la imprevisibilidad

Los países norteamericanos están redefiniendo su papel en un mundo cada vez más fragmentado en el que el impulso de la deslocalización de la producción convive con la incertidumbre derivada de la política estadounidense, consolidando a México y Canadá como socios clave, mientras Estados Unidos busca mantener su liderazgo global en un entorno menos predecible.

Uno de los mantras que más se repiten en las conferencias, eventos y análisis económicos es que, probablemente, avancemos hacia un mundo fragmentado en nuevos bloques y menos globalizado. El protagonista principal de esos bloques sigue estando en la región norteamericana, con Estados Unidos tratando de mantener el liderazgo mundial.

Aunque Norteamérica engloba a Estados Unidos, Canadá y México, es el primero el que acapara toda la atención. Pero, para entender la situación actual, es necesario contextualizarla, entendiendo los escenarios pasados. Tras el primer mandato de Donald Trump (2017-2021) y la pandemia mundial de la Covid-19, el mundo cambió. Estados Unidos impulsó una política arancelaria que ha llevado estas tasas al nivel más alto desde los años 40 y aceleró el llamado nearshoring.

Canadá y México, por su parte, se mueven bajo la amenaza de nuevos aranceles y la necesidad de Estados Unidos de acercar la producción a su territorio para reducir los riesgos en las cadenas de suministro. Un choque continuado entre las amenazas por parte del presidente estadounidense y la búsqueda de otros socios comerciales.

La situación de América del Norte en 2026: un cambio en su papel en el mundo

El presente de la región pasa por las decisiones políticas de Trump que “están poniendo en cuestión las bases que, esencialmente, marcaron ellos tras el final de la Segunda Guerra Mundial”, afirma Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad. Este experto asegura que EE.UU. ha decidido cambiar un modelo de liderazgo que le beneficiaba por un concepto mucho más centrado en sí mismo, menos global, en el que la fuerza estadounidense sigue siendo dominante pero que, en el fondo, “consiste en situar a EE.UU. no como nación líder, sino como un primus inter pares de un mundo más fragmentado”.

Unas medidas que han alimentado el sentimiento de Sell America a inicios de año, a las que se unen algunos problemas económicos que cada vez despiertan mayor preocupación, como el elevado endeudamiento. Unos “contras” que se ven reforzados por unos “pros”, como la robustez del crecimiento, la fortaleza de sus empresas y la oportunidad de dominar el nuevo mundo marcado por la expansión de la inteligencia artificial (IA).

No hay que olvidar que, en este análisis del presente, Estados Unidos “tiene la gran tecnología, tiene la moneda de pago internacional, el sistema financiero más desarrollado y un sistema económico interno poderoso y muy dinámico. Además, tienen la mayor capacidad de influencia global que existe hoy, tanto a través de su economía como de su fuerza militar. Pero, sobre todo, tienen la credibilidad en su sistema”, añade el director de inversiones financieras de Mutualidad.

Sus vecinos del norte y del sur, México y Canadá, se presentan como socios indispensables. México se ha consolidado como primer socio comercial de los Estados Unidos al superar los 800.000 millones de dólares anuales de intercambio; unas cifras nacidas por esa necesidad de nearshoring que tiene el gigante americano. Sectores como la automoción o la manufactura no han dejado de crecer. Así, Estados Unidos terminó 2025 con un déficit comercial de 901.500 millones de dólares, apenas por debajo de los 903.000 millones registrados el año anterior. Las importaciones totales alcanzaron un máximo histórico de 4.334 billones de dólares, lo que representó un aumento de 5% frente al año previo, mientras que las exportaciones sumaron 3.432 billones, con un crecimiento anual de 6%.

Al norte, Canadá sigue posicionándose como el gran almacén de recursos críticos. De hecho, Ottawa es un socio fundamental para que las compañías tecnológicas americanas puedan reducir la exposición a las tierras raras asiáticas, tan deseadas y protegidas por China. Aunque ambos países siguen enfrentando riesgos en la política imprevisible de la actual Casa Blanca y la revisión del T-MEC.

Riesgos que amenazan al sistema financiero global

Los riesgos que enfrenta Estados Unidos no son menores, ni por su gravedad ni por la implicación e impacto en la economía mundial. La famosa desdolarización, unida a la elevada deuda pública, son los grandes elefantes en la habitación. Aunque “el principal riesgo, naturalmente, es ver socavada la credibilidad, algo que, sin duda, está sucediendo en cierto modo en los últimos meses”, advierte Pedro del Pozo.

Para el experto, “si los EE.UU. dejan de ser confiables, los inversores internacionales no comprarán su deuda, con lo que sus déficits crónicos dejarán de ser posibles”. Pero no solo eso: si el uso del dólar como principal divisa en el comercio internacional se ve amenazado, “la economía americana se verá afectada”. Por tanto, esos parecen ser los principales focos a los que se debe prestar atención en la actualidad y en la evolución futura.

El objetivo a partir de ahora es seguir liderando

En este punto, se sabe de dónde viene la región (restructuración comercial y nearshoring), cómo está ahora (crecimiento y riesgos) y queda por ver lo que está por venir. Un futuro en el que la IA y la tecnología juegan un papel protagonista. En el futuro próximo y mediano, el mundo se enfrenta a una nueva revolución tecnológica en la que son varios los factores implicados: empresas, minerales, energía e impacto laboral.

Desde finales de 2025, a los inversores les preocupa el gran gasto en IA, pero también su impacto en la economía. Saber qué pasará en el mercado laboral, cómo podrán monetizar las empresas toda esa inversión actual y la capacidad material necesaria (materiales y energía) son retos que enfrenta Norteamérica y el mundo.

Para entender mejor este reto, cabe señalar que las big tech destinan alrededor de 200.000 millones anuales en la inversión en centros de datos; la demanda eléctrica de los centros de datos se duplicará en Estados Unidos en 2030, siendo el 9% de la demanda total frente al 4% actual (con Canadá como actor clave para cubrir esa demanda); estas infraestructuras necesitan tres veces más cobre y sistemas de enfriamiento más complejos; por último, según el FMI, la IA podría automatizar hasta el 25% de las tareas laborales.

Todo lo mencionado tiene un impacto fortísimo en el PIB americano. Según las estimaciones de consultoras como PwC y Goldman Sachs, la IA puede añadir hasta 15,7 billones a la economía mundial y, de esa cifra, Estados Unidos puede capturar entre el 14% y el 21% de su PIB acumulado en la próxima década. Por tanto, liderar esta carrera será lo que le siga situando en la primera posición mundial.

Del Pozo cree que, en la medida en la que EE.UU. se aparte de este camino, su poder pasará a ser uno más de los nuevos bloques que se vayan conformando. “China, sin duda, cuya visión de largo plazo le convierte en un candidato a tomar el relevo de unos EE.UU. más débiles… y solos. Pero también el bloque europeo, más unido, puede ser un contrapoder político y económico en lugar del aliado fiel que ha sido durante la Guerra Fría y el periodo posterior al derrumbe soviético. Un liderazgo erróneo de EE.UU. llevará indefectiblemente a su declive”, apunta. Frente a esta situación, EE.UU. acaba de lanzar recientemente el "Proyecto Bóveda", una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares para minerales críticos, donde Canadá es el proveedor principal para sustituir el 80% de dependencia que se tenía de China en tierras raras.

Canadá, el proveedor energético que necesita EE.UU.

Las grandes tecnológicas no solo compiten por liderar el nuevo marco mundial de la IA, sino que también lo hacen por garantizar los recursos. Entre estos recursos, no solo están los chips y diferentes hardware, también está la energía. Estas empresas firmaron el Rate Payer Protection Pledge para garantizar que financiaran su propia infraestructura energética y no encarecer el recibo de los hogares americanos. Aquí es donde Canadá está entrando en juego porque sale más barato importar energía canadiense que construir nuevas plantas. De hecho, en enero de este mismo año ya se habilitó el New England Clean Energy Connect, que conecta Quebec con Massachusetts.

Pese a estos desafíos, los fundamentos estructurales de la economía estadounidense, desde la fortaleza institucional hasta el papel central del dólar, siguen sustentando su posición como principal referencia global.