Durante los últimos años, varios países de la región han mejorado algunos indicadores macroeconómicos, favorecidos por una inflación más contenida en economías como Brasil o Chile y también por un entorno internacional relativamente favorable. Pero la evolución futura seguirá condicionada por factores políticos, fiscales y como consecuencia de la evolución del entorno internacional.
América del Sur es un territorio que continúa teniendo un peso relativamente reducido dentro de las grandes asignaciones de capital internacionales. La reciente evolución de algunos indicadores macroeconómicos justifica un análisis más detallado de una región que combina avances en estabilidad económica, pero presenta desafíos políticos y fiscales como cuestiones todavía relevantes.
Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Mundial, varios países de América del Sur están adquiriendo una mayor importancia económica gracias a la disponibilidad de recursos críticos y a una demografía relativamente favorable. No obstante, sus mercados mantienen valoraciones inferiores a las de otras economías emergentes.
Emanoelle Santos, analista de XTB Latam, cree que la configuración actual de la región “no es un producto del azar ni una consecuencia indirecta de factores externos”, sino el resultado de una “madurez institucional largamente gestada”. Esta analista subraya que más de tres cuartas partes de las perspectivas de calificación soberana en la región “son estables”, contando con cuatro perspectivas positivas y ninguna negativa, aunque cuentan con la excepción de países como Bolivia.
Mejora en deuda e inflación, aunque con diferencias entre países
Uno de los factores que ha contribuido a la estabilidad macroeconómica ha sido la actuación de varios bancos centrales, especialmente los de Brasil y Chile, que endurecieron la política monetaria de forma anticipada en respuesta a la inflación post-pandemia. Esto les permitió contener la inflación antes que otras economías. Algo que ha hecho, según la analista, que sus monedas se hayan visto menos afectadas que las de otros mercados emergentes tras el shock derivado de la guerra de Irán, “debido tanto a la distancia geográfica como a una menor dependencia del suministro energético que transita por el estrecho de Ormuz”.
En términos macroeconómicos, como la deuda o la inflación, los indicadores muestran un ligero avance, aunque mantienen debilidades relevantes: según los registros actuales del Fondo Monetario Internacional, la ratio entre deuda bruta y Producto Interior Bruto (PIB) para la región se sitúa en el 72,6%, una cifra que contrasta con el 123,7% que promedia el G7 (Grupo de los 7).
La inflación sigue siendo uno de los principales desafíos de estas economías. El promedio regional cerró 2025 en el 5,47%, una tasa todavía elevada, aunque inferior al 10,08% registrado en 2024. Argentina continúa siendo una excepción, con una inflación del 32,6%. En ese sentido, Santos advierte que “la vulnerabilidad cíclica sigue siendo una realidad tangible. Las finanzas públicas continúan siendo un punto débil para varios soberanos latinoamericanos que sufren con altos déficits, lo que acaba limitando el espacio fiscal para aplicar políticas contracíclicas en las economías más grandes de la región”.
El efecto del dólar: un impulso temporal
El factor de la divisa ha jugado también un papel determinante en esa mejora económica del pasado curso. El año 2025 estuvo marcado por una debilidad estructural del dólar, lo cual impactó positivamente en las cuentas sudamericanas. Según los datos del FMI, el coste del servicio de la deuda externa denominada en dólares se redujo en un 12% en naciones como Colombia y Brasil.
Santos explica que la caída del dólar “impulsó el valor de los activos no denominados en dólares y redujo la carga de deuda corporativa”. Sin embargo, esta experta advierte de un factor favorable de carácter temporal que podría revertirse “si la moneda estadounidense recupera su fortaleza global”.
Esta coyuntura de divisas y tipos de interés favoreció temporalmente las operaciones de carry trade (estrategias que aprovechan las diferencias de tipos de interés entre países) y contribuyó a una entrada de capital extranjero en algunos países como Brasil, donde los elevados tipos de interés reales favorecieron la entrada de capital exterior hacia los mercados de renta fija. Su tasa de interés real se mantuvo entre las más altas del mundo, de aproximadamente del 10,9%. La analista de XTB Latam revela que en enero de este año se registró “un flujo histórico de 33.000 millones de reales en la bolsa B3 en un solo mes”.
A pesar de todo, la persistencia de estos flujos de capital enfrenta “riesgos que no deben ignorarse”. Santos detalla que el Banco Central de Brasil redujo la tasa de referencia al 14,50% en abril y el consenso proyecta que la Selic se sitúe cerca del 12,25% a finales de año, lo que implicaría una erosión gradual del atractivo relativo para el carry trade.
Incremento estructural de la demanda de materias primas
El mundo se encuentra inmerso en una nueva revolución eléctrica impulsada por la inteligencia artificial (IA), que está generando un incremento estructural de la demanda de determinadas materias primas. La elevada dependencia de la exportación continúa siendo uno de los principales factores de vulnerabilidad de varias economías sudamericanas, especialmente ante posibles cambios en el ciclo económico global o en la creciente demanda de China.
Para Emanoelle Santos, esta revolución “está reconfigurando el perfil de riesgo de Chile, Perú y Brasil de una manera sin precedentes en los últimos veinte años”. A su juicio, “a diferencia del superciclo liderado por la urbanización china a principios de siglo, el impulso actual está alimentado por las transiciones digital y verde”. “El cobre, por tanto, ya no es un simple material de construcción, sino la columna vertebral de la economía del siglo XXI”, cuenta.
Incertidumbre política como riesgo creciente
El panorama político de 2026 será uno de los principales factores que condicionarán la evolución económica de la región, con elecciones cruciales en Colombia y Brasil. En el gigante sudamericano, la polarización es extrema, con Lula da Silva buscando un cuarto mandato frente a la opción de Flávio Bolsonaro, en un escenario de empate técnico según las encuestas más recientes de cara a las elecciones de octubre. Santos advierte que “la retórica sobre la disciplina fiscal durante la campaña podría alterar las expectativas de inflación y ampliar los spreads soberanos”. En Colombia, en cambio, “el mercado anticipa un giro hacia políticas más favorables a la inversión tras las primarias de marzo, aunque el riesgo de una coalición legislativa débil sigue presente”, subraya.
Los mercados financieros de la región también han reflejado esta mejora macroeconómica, aunque su evolución continúa muy condicionada por factores externos y por la incertidumbre política. “Las acciones regionales cotizan a múltiplos de valoración significativamente inferiores a sus promedios históricos”, apunta esta experta, quien recomienda prudencia en sus inversiones.
En 2025 el MSCI Latin America registró una revalorización significativa, impulsada tanto por la mejora del entorno macroeconómico como por factores técnicos de valoración. Sin embargo, la continuidad de esta tendencia dependerá del contexto político y financiero internacional. Este indicador cerró con una subida del 55,3% y sitúa el retorno anualizado a cinco años en el 13,19%. En el primer trimestre de 2026, la bolsa de Brasil se consolidó como uno de los índices más alcistas de todo el mundo con subidas por encima del 25%.
Aunque algunos indicadores muestran una evolución más favorable que en años anteriores, la región sudamericana continúa enfrentándose a desafíos estructurales que limitan su capacidad para mantener un crecimiento sostenido. La evolución del entorno político, la disciplina fiscal y el contexto internacional seguirán siendo los principales factores que determinarán su trayectoria durante los próximos años.