¿Cuánto hemos aprendido del 2022?

Se mire por donde se mire, 2022 ha sido un año complicado para los inversores. Sin embargo, en BBVA nos gusta ver el vaso medio rellenable, lo que significa que, independientemente del ruido y las tensiones propias del mercado, simplemente enfocándonos en el análisis de los resultados, la optimización de recursos y marcando una visión a largo plazo, se pueden encontrar grandes oportunidades adaptadas a tu perfil de inversor y a tu visión del mundo.

En New Gen, nuestra misión es acercarte de primera mano la actualidad de los mercados, conectando esta realidad con nuestras vidas y preparándonos para el futuro.

La inflación y los vientos en contra del crecimiento económico mundial no le sientan nada bien al sector de la tecnología. Hay que tener en cuenta que la valoración de estas compañías a menudo se centra en el valor de los flujos de efectivo futuros descontados en el momento actual. Por lo tanto, su alta dependencia a la evolución de los tipos de interés y el riesgo evidente de una recesión la sitúan comparativamente en la industria más perjudicada.
En el otro lado de la moneda, los rendimientos de algunos activos han ido aumentando sustancialmente a medida que los bancos centrales han ido subiendo tipos, con caídas significativas en el precio y una desaceleración de la economía a la vuelta de la esquina. En el caso de la renta fija o bonos de las mejores empresas del mundo la situación es más favorable, porque permite invertir con una predictibilidad enorme, sabiendo que estamos comprando un bien preciado que va a valer más según van pasando los años, ya que las emisiones nuevas se ofrecerán con una prima más barata.
No existe una fórmula secreta ni una varita mágica para lograr los resultados deseados, pero sí modelos que han demostrado a lo largo del tiempo ser más eficaces que otros o, simplemente,  que se adaptan mejor a ciertas condiciones del mercado. La inversión en valor (o value) busca resultados consistentes con rentabilidades positivas, enfocados en un horizonte temporal a largo plazo. Esta filosofía de inversión popularizada por Warren Buffett, posiblemente uno de los mejores inversores de la historia, está basada en la adquisición de valores de calidad a un precio por debajo de su valor intrínseco o real. Por ejemplo, las acciones del sector energético ofrecen actualmente una atractiva oportunidad riesgo/recompensa.

Materias primas: Las interrupciones de la cadena de suministro y la guerra de Ucrania nos ha afectado de lleno como inversores pero también como consumidores, pagando precios cada vez más altos para acceder de forma inmediata a productos de primera necesidad. En el caso de los futuros sobre materias primas, su precio depende directamente de los cambios en la oferta mundial y las expectativas de demanda, por lo que sus características históricas de riesgo y rentabilidad han mostrado poca o ninguna relación a largo plazo con otros activos financieros, como las acciones.

 

Salud: No solo es un hecho que cada vez vivimos más, sino que cada vez queremos hacerlo en las mejores condiciones posibles. Si bien la preocupación por el bienestar lleva acompañándonos toda la vida, los avances de la biología molecular y la ingeniería genética resultan cada vez más llamativos para los mercados. Fondos e inversores se interesan cada vez más por las terapias genéticas, los desarrollos biológicos y toda una serie de avances que, junto con la medicina tradicional, empiezan a configurar el nuevo paradigma.

 

Metaverso: Nuestra sociedad está sufriendo cambios de comportamiento estructurales, y gran parte de ello se debe a la digitalización del mundo y de la economía. Se estima que en 2030 ya habrá más de 25 mil millones de dispositivos conectados (IoT) en todo el mundo y, en relación al metaverso, los expertos explican que su desarrollo se encuentra en plena ebullición y se prevé que alcance un tamaño de 700.000 millones en 2030.

No hay nada perdido, sino aprendido. Blockchain, o la tecnología central que sustenta plataformas como Ethereum, Bitcoin y las DeFi funciona, y lo hace con un propósito: ofrecer una alternativa real poniendo la tecnología al servicio de la sociedad para generar un sistema más eficiente con economías de escala y aportando desarrollo para un mundo en constante cambio.

 

Por descontado, es responsabilidad de todos los protagonistas hacer que el sistema funcione y, en este sentido, 2022 ha sido un año determinante en términos de generación de confianza y adopción por parte de los Estados, instituciones y compañías en todo el mundo. Estamos viendo cómo la tecnología Blockchain está transformando gradualmente la interacción entre los principales actores de la industria financiera. Como banco que opera en este entorno, nuestra misión en BBVA es garantizar una transición sólida y realista, creando una sociedad más justa en la que todo el mundo tenga acceso a la nueva economía digital que se está forjando.

 

2023, ¡allá vamos!

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