La inversión frente al espejo
Emoción y oportunidad más allá del miedo
y números
Invertir también toca las emociones, de la esperanza y la euforia al exceso de confianza y el miedo. En este especial te explicamos el papel que juega la psicología en el comportamiento inversor y cómo aprender a gestionar los diferentes estados emocionales por los que puede pasar una persona, como la frustración o la aversión al riesgo. Tener un plan, esa es la cuestión.
Pasó años trabajando en el campo de otros agricultores, aprendiendo cada técnica, ahorrando lo suficiente para comprar un pequeño terreno y adquirir semillas de calidad.
Durante todo ese tiempo, Lucas se preguntó si valdría la pena arriesgar sus ahorros, si las cosechas serían suficientes para mantenerse, si la gente compraría sus productos.
Ahora ha diseñado su cultivo, ha estudiado el mercado y ha aplicado técnicas modernas para maximizar la producción. A pesar de las épocas de sequía, de fenómenos meteorológicos adversos y años difíciles, su plan le ha permitido producir lo suficiente los años buenos como para poder hacer frente a los malos.
Siempre se preparaba para afrontar años en los que la cosecha no cubría los gastos y generaba pérdidas. Algo muy parecido sucede al invertir. A pesar de que hay años malos, si uno está preparado en los buenos y sabe guardar el suficiente beneficio, entonces el éxito llegará.
Behavioral Finance
A principios de los años ochenta comenzó a ganar importancia un área económica que hasta entonces había pasado inadvertida: el Behavioral Finance.
Fueron los primeros economistas en hablar del impacto de los sesgos y factores emocionales en las decisiones económicas.
En el año 2002 terminó de consolidarse esta área, lo que le valió el primer premio Nobel a Kahneman y Smith por su trabajo sobre la economía conductual.
También llegaron dos premios Nobel más para Robert Shiller y Richard Thaler por seguir estudiando la interacción entre las emociones y las decisiones económicas.
Este departamento ha trabajado una cultura de la Economía del Comportamiento, que ha evolucionado hacia una visión más estratégica del rol del área y escalando la capacidad de ejecución, intentado estar en cada una de las C’s de un proyecto...
La economía conductual ha crecido en popularidad en distintas industrias. Comenzó más cercana a las políticas públicas y sociales, pero hoy en día se utiliza para solventar retos muy variados: de negocio, salud, sostenibilidad, etc. Hitos como las crisis financieras, por ejemplo, han hecho mucho más evidente la necesidad de ayudar a los clientes a tomar mejores decisiones financieras para no endeudarse en exceso, fomentar el ahorro, buscar una planificación a medio y largo plazo o evaluar alternativas a las que no estamos acostumbrados ante entornos de inflación como el actual. El acercamiento ahora consiste en facilitar el camino para que el cliente vea los beneficios de un determinado comportamiento, los tangibiliza; y así los adopta con mayor facilidad.
Por tanto, hay pilares emocionales y mentales que el inversor debe aprender a controlar. Para conseguir el éxito en su estrategia, tienen que saber:
La importancia de gestionar las emociones al invertir
La teoría siempre es más fácil que la práctica. Cuando un inversor traslada su dinero al mercado de capitales lo hace por motivos económicos, como preservar el patrimonio, protegerlo frente a la inflación y, en la mayoría de los casos, hacerlo crecer para lograr determinados objetivos vitales. Sin embargo, estas razones entroncan con las situaciones volátiles de mercado que sacuden las emociones haciendo que la toma de decisiones no sea algo tan aséptico como hacer una operación matemática o un proceso mecánico.
Además, según el experto, las emociones no son malas por definición, sino que la clave está en la “intensidad de la emoción porque es la antesala de la conducta que tomamos y está condicionada por lo que sentimos”.
Si procedemos a aterrizar todo lo escrito hasta ahora, Pedro Serrano, profesor de finanzas y administración de empresas de la Universidad Carlos III de Madrid, emplaza a observar el comportamiento humano e inversor frente a las crisis de mercado.
“La caída generalizada de precios que vivimos entre febrero y marzo del año 2020, donde en apenas 18 sesiones vimos una corrección del 32%, a causa del COVID parece explicarse por un gran cambio en la percepción del riesgo de los inversores -un enorme shock en su aversión al riesgo-, y no tanto en las expectativas de flujos de caja de las compañías que respaldaban dichas acciones”.
En el periodo citado por el profesor, las emociones predominan frente a la razón de forma abrasiva, haciendo que se diera la cuarta mayor caída en bolsa de toda la historia. De hecho, en el presente siglo no se veía algo similar desde la quiebra de Lehman Brothers, cuando el Dow Jones se dejó un 50%, o desde la burbuja de las puntocom de principios del nuevo milenio, que fue la peor de las caídas con una corrección que en algunos casos llegó al 80%.
La moraleja se encuentra en aquellos inversores que supieron controlar las emociones y no vendieron movidos por el pánico imperante. Esos inversores fueron quienes lograron grandes rentabilidades. De hecho, ese mismo año, en 2020, el S&P 500 logró una subida del 18% pese a esa corrección que tumbó las bolsas.
Emociones que un inversor debe monitorizar
Según Liliana Jiménez, experta en psicotrading, "gestionar estas emociones y controlar los sesgos cognitivos es esencial para mantener la disciplina y la coherencia en la estrategia de inversión. Sin un control emocional adecuado, los inversores se desvían de su plan original, actuando bajo la influencia del pánico, la codicia o el optimismo excesivo".
Existe una emoción aún más sibilina que el pánico: la incertidumbre. Es esa fase en la que los mercados no muestran claridad, es cuando los peligros acechan o quizá cuando un valor ha subido tanto que la pregunta es ¿seguirá subiendo?
Pero ¿qué sucede cuando las bolsas suben? La voracidad puede apoderarse del inversor y creer que las ganancias son ilimitadas. El consejo más repetido es no vender en pánico y ¿no comprar en euforia?
Los 10 sesgos a los que prestar atención
Aunque los expertos han dejado entrever cuáles son los sesgos a los que hay que poner un especial cuidado, vamos a analizarlos con mayor detalle para que no se conviertan en un enemigo.
Nos centramos en la información que confirma nuestras creencias previas.
Se produce cuando el inversor solamente escucha o lee aquellas informaciones que refuerzan su pensamiento y desecha el resto. Este puede ser un gran enemigo porque disminuye la importancia del riesgo y las posibles adversidades que hay que tener en consideración.
Asumimos que nuestra situación y preferencias se van a mantener estables con el tiempo.
La mayoría de las personas tratan de proyectar su situación actual al futuro, como si la vida fuera invariable. Sin embargo, con los años se cambia de trabajo, se cambia de nivel de vida y de muchas otras cosas. Todo ello afecta a la estrategia financiera. Aunque hay que tener un plan de largo plazo, es fundamental ir adaptándolo a las necesidades de cada momento para sentirnos seguros con nuestra cartera.
Demasiada información u opciones pueden llevar a posponer la decisión.
Cuando el inversor lee muchas opiniones y análisis puede generarle un bloqueo ante el aluvión informativo. No sabrá qué hacer, ni qué es mejor. Por tanto, es probable que posponga la decisión de invertir con la idea de tener mayor claridad en el futuro. Esto puede ser bueno o puede hacer que se pierdan grandes oportunidades de inversión.
Sobreestimamos nuestra capacidad para alcanzar metas y la probabilidad de que todo vaya bien.
Las inversiones pueden salir bien, ese es el gran objetivo. Pero, a veces puede producir un exceso de confianza que nos lleve a tomar un riesgo excesivo. En este estado no se valoran los riesgos y tampoco la posibilidad de que una determinada operación salga mal.
Nos dejamos llevar por la opinión mayoritaria y las tendencias.
Hay pocas cosas más peligrosas que seguir o hacer algo porque el resto también lo hace, por moda. Es ahí cuando se crean las burbujas y cuando se deja de lado las valoraciones objetivas de un activo, lo que puede acarrear grandes pérdidas.
Damos prioridad al primer análisis u opinión que hemos leído por encima de lecturas posteriores.
Se produce cuando un inversor lee que un determinado activo, sector o país puede hacerlo muy bien en el futuro y ya no quiere oír ni leer más información para contrastar opiniones. Esta situación puede conducir al sesgo de confirmación.
Valoramos más las cosas en las que hemos puesto esfuerzo.
Si nos hemos esforzado en formarnos e informarnos para crear nuestra propia estrategia, le vamos a dar más valor que a la idea que nos presente un asesor financiero. Sin embargo, es probable que lo ideal sea compartir ideas y crear algo juntos, a pesar de que demos más valor a lo que nosotros hemos hecho. Pero eso no puede significar minusvalorar el esfuerzo de otros.
Tendemos a aceptar lo que nos viene dado y a seguir con lo que siempre hemos hecho.
Aunque puede hallarse oculto, es muy interesante a la hora de valorar una estrategia de inversión. Se trata de un sesgo en el que el inversor apuesta más por la comodidad de lo que le viene dado que por buscar un cambio. Por ejemplo, al invertir, quizá aparece un nuevo fondo más rentable o barato en comisiones, pero en lugar de buscar un traspaso para posicionarse en un vehículo más atractivo, el inversor tiende a no hacer nada.
Nos duelen más las pérdidas de lo que nos satisfacen las ganancias.
La aversión a la pérdida se produce frecuentemente con el miedo al producirse momentos de corrección en los mercados. Pero también es habitual en los inversores o ahorradores excesivamente conservadores. A veces, esta aversión a la pérdida hace que el patrimonio pueda quedarse estancado.
Buscamos la gratificación inmediata, infravalorando los beneficios futuros.
Este sesgo puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra, depende de cómo se comporte el mercado. Se trata de aquel sesgo en el que se prioriza lo presente sobre lo futuro. En inversiones suele ser muy habitual experimentar subidas abruptas de un determinado activo. Quizá muchos inversores opten por tomar beneficios precipitados, en lugar de mantener el activo. Quizá unos años después este sesgo sea el que más arrepentimiento genere.
¿Se maneja mejor el miedo o la euforia?
Los expertos consultados creen que cuando se compra en momento de exceso de optimismo, el riesgo existe pero es más sencillo de ajustar. Sin embargo, operar con sentimiento de pánico puede ser más pernicioso.
El profesor de finanzas Pedro Serrano menciona un estudio realizado por la gestora de activos Fidelity donde analizaba las cuentas de sus clientes entre 2013 y 2014. Los investigadores descubrieron que las que mejor rendimiento tuvieron fueron las de aquellos inversores inactivos o fallecidos. “La razón principal es que estos inversores no llevaban a cabo cambios frencuentes en sus carteras, evitando decisiones impulsivas motivadas por fluctuaciones del mercado o noticias económicas. Esta inactividad protegía a sus inversores de errores comunes, como vender en momentos de pánico o intentar predecir movimientos a corto plazo, lo que suele resultar en menores rendimientos”, explica el docente de la Universidad Carlos III.
Claves para controlar las emociones
Pedro Serrano aconseja acudir a asesores financieros “para mantener la cordura” en la toma de decisiones. “Contar una persona experta en finanzas que sea de confianza también puede ayudar a mantener la disciplina y evitar errores habituales de inversión que están condicionadas por las emociones, como son muchos de los sesgos”.
Liliana Jiménez, experta en psicotrading, aboga por no salirse de la hoja de ruta con la que se comenzó a invertir. “Contar con una estrategia clara y definida también es crucial, ya que un plan bien estructurado funciona como un ancla frente a las emociones, reduciendo la tentación de desviarse por impulsos momentáneos”.
Como consejo final, Manel Fernández Jaria, especialista en Liderazgo y Cohesión de equipos, invita a los inversores a llevar un diario de decisiones financieras y emociones asociadas a ellas.
Básicamente, el experto recomienda tener a mano un cuaderno de notas en el que la persona que invierte apunta las decisiones financieras que va tomando y las emociones que ha sentido en cada momento. Así puede analizar cuándo ha actuado por miedo o con exceso de confianza. Al revisarlo, puede estudiar cuándo y cómo tomó las mejores -y las peores- decisiones.
Para cerrar, la estrategia victoriosa en la inversión es aquella que parte de un plan claro y definido en el que las decisiones que se toman sobre la configuración y asignación de la cartera no deben pasar por los sesgos emocionales extremos. Un plan que logre los objetivos financieros y que esté alineado con nuestro perfil de riesgo. No salirse de ahí y apoyarse en expertos es la piedra filosofal del éxito.
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