Inversión | 19 diciembre, 2017

Un mundo de energías renovables

Raúl Rendon Portfolio Manager

Cambio climático. Energías renovables e inversiones

Existen diversas opiniones con respecto al efecto del cambio climático: algunos aseveran que el aumento de las temperaturas es una parte normal del ciclo de la tierra, mientras que otros interpretan este fenómeno como una consecuencia de la acción del hombre.

En contexto, el 97% de los climatólogos coinciden en que la tendencia de calentamiento global registrada durante el último siglo tiene su origen en la actividad humana; asimismo, un informe del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) menciona que con una probabilidad superior al 95%, los humanos son la causa dominante de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Algunos estudios mencionan que las energías fósiles son la principal fuente de emisiones contaminantes, siendo el carbón el principal generador de CO2, seguido del petróleo con el 34% de las emisiones globales, de las cuales dos tercios son atribuibles al transporte.

En particular, el Global Carbon Project publicó recientemente (el 13 de noviembre 2017) una investigación que pronostica que las emisiones globales de CO2 se incrementarán este año y no prevé que se estabilicen como ha ocurrido en los últimos tres años. De acuerdo con el mencionado estudio, a final de año habrá incrementado en un 2% la emisión de CO2 (equivalente a 41.000 millones de toneladas), derivándose en un 90% del uso de energías fósiles.

Se han tomado diversas iniciativas para controlar y evitar el calentamiento global; en particular, a finales del 2016 entró en vigor el ‘Acuerdo de París’ que establece medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Un mundo con energías limpias?

Sin duda, los efectos coordinados a nivel global están dirigidos a evitar el calentamiento global pero las iniciativas no son sencillas de aplicar, teniendo en cuenta que EE.UU. se retiró de este acuerdo en junio del 2017, aunque la mayoría de los países reiteraron su compromiso.

Queda claro que las iniciativas encaminadas a reemplazar las energías fósiles por energías limpias representan una tendencia que ha de prevalecer de manera constante a nivel global, siendo sus efectos paulatinos pero visibles.

Probablemente los cambios serán más notorios en las economías desarrolladas que intensificarán la generación de energía solar, eólica o hidroeléctrica

Existen cifras interesantes de cómo está cambiando el mundo, ya que las energías renovables representaban el 50% de la nueva generación de energía en el 2014, y los analistas esperan que las energías solar y eólica puedan acaparar el 70-80% de la nueva capacidad hasta el 2035, mientras que para el 2030, este tipo de energía podría representar cerca de un tercio de la producción global (cuando su participación era prácticamente nula en el 2003).

La forma en la que deberá cambiar el mundo es irreversible y, en contexto, si el 75% de los contaminantes por petróleo proceden del transporte ¿no sería razonable pensar que en algún momento el transporte sea limpio, con automóviles eléctricos? ¿Qué podemos decir de la tecnología necesaria para sustentar este modelo? ¿Está la solución en el concepto de baterías (litio) o en tecnologías de eficiencia y ahorro de energía? Sin duda, las implicaciones son enormes y cambiarán la forma en que conceptualicemos el mundo.

En el contexto de los activos financieros, es interesante observar desde principios de año el comportamiento del Índice de Energía Solar frente el Índice de Energía de EE.UU. (principalmente compuesto por empresas de energías fósiles).

Índice de energía solar (negro) frente al índice de energía fósil de EE.UU. (azul)

El mundo cambia; consideramos que la necesidad de energías limpias es estructural y los cambios que veremos los próximos años serán tendentes a mejorar la calidad del único planeta en el que vivimos.