Actualidad de mercados | 28 agosto, 2019

¿Nos encontramos ante el inminente colapso de la renta variable?

Raúl Rendon Portfolio Manager

Valoraciones de los mercados de renta variable

Las valoraciones de los mercados de renta variable se encuentran en niveles históricamente muy elevados, lo que implica que las rentabilidades que obtendrán los inversores a largo plazo serán menores que en el pasado.

Estamos leyendo en las últimas semanas, en los principales portales especializados en activos financieros, sobre el inminente colapso de los índices de renta variable, o de las divergencias entre la situación macroeconómica y los índices de EE.UU. cercanos a los máximos históricos. No deja de llamarme la atención cómo afecta a la psicología humana el bombardeo de información que anticipa la llegada de los siete jinetes del Apocalipsis a los índices bursátiles.

Para aclarar el contexto, este mes cumple 40 años el titular “La muerte de la renta variable” (The death of equities: How inflation is destroying the Stock Market) que apareció el 13 de agosto de 1979 en una revista especializada de negocios y que fue el preludio de uno de los recorridos alcistas más importantes del S&P500. Otro periódico también especializado en finanzas colocó en su portada en mayo de 2012 “La muerte de la renta variable” (The death of equities), mencionando el final del amor por ese activo y preludiando el rally que llevó al S&P500 desde 1300 hasta los niveles de 2900 actuales.

El rally más odiado de la historia

Siguiendo con esa línea de titulares, también son notables las múltiples portadas que aluden a este mercado como el más odiado de la historia. Curiosamente, en la última década esa frase se ha utilizado n cantidad de veces, reflejando una situación en la que un grupo importante de inversores se ha quedado fuera del mercado a la espera de una corrección que llevara a las acciones a niveles de compra más cómodos. No es de extrañar que, en fases de corrección, los “ultrabajistas” (perma bears) encuentren un espacio para reafirmar sus ideas, alimentando el entorno de miedo y desconfianza y generando un círculo vicioso.

“Incluso un reloj estropeado marca bien la hora dos veces al día”

Una de las frases que más me gustan, recordando que personas a las que se considera no fiables pueden acertar por accidente de vez en cuando, es que, teniendo en cuenta la naturaleza de los ciclos económicos, sus procesos expansivos y recesivos, es de esperar que en algún momento los titulares coincidan con un mercado bajista. Sin embargo, hasta el momento, y utilizando la historia como referencia, en la misma medida en que una idea se vuelve consenso, tiende a perder validez.

¿Cuál es el futuro de la renta variable?

Esta es una de las preguntas más frecuentes, no solo en este momento, sino de manera recurrente después de aumentos de la volatilidad. Está claro que el futuro económico NO es pronosticable; en todo caso, el poder de predicción recae principalmente en patrones físicos (acelerar al conducir, tocar el piano, practicar un deporte, etc.) y parecen interesantes los estudios publicados por el Journal of Psychological Science en el campo de la predicción geopolítica. Si bien los resultados no son 100% fiables, el artículo resulta interesante porque menciona que, si bien el pronóstico se aborda desde un punto de vista estadístico, se puede mejorar introduciendo influencias en el comportamiento que permitan abrir la mente para lidiar con la incertidumbre, algo que vuelve a llevarnos al campo de la teoría conductista, como ya comentamos en un artículo anterior.

 ¿Qué hago con mi cartera de inversión?

El entorno no deja de ser complejo. Por una parte, tenemos variables macro que muestran una clara desaceleración a nivel global: algunas empresas han ajustado sus previsiones de beneficios y persisten las tensiones comerciales con EE.UU., que han mostrado más altibajos (vía tuits) de lo que hubiéramos podido esperar. Por la otra, en los últimos meses han abundado las medidas contracíclicas, habida cuenta de los recortes de los tipos de interés de varios bancos centrales. En su última reunión, la FED mencionó que su balance dejaría de disminuir, y ya empiezan a surgir comentarios de que economías superavitarias, como Alemania, podrían aumentar el gasto presupuestario para apuntalar la economía.

A estos condicionantes hay que agregar que distintas encuestas sugieren que el mercado en su conjunto está infraponderado en renta variable – ¿quién no ha vendido todavía? – y que el posicionamiento es predominantemente defensivo, por lo que una mejoría del entorno macro podría catalizar y encarecer un mercado que, como se ha publicado anteriormente, muestra unas métricas de valoración elevadas.

No es fácil – ¿cuándo lo es? – ajustar el entorno con el posicionamiento. En todo caso, un elemento incómodo, desde mi punto de vista, es que los mercados alcistas (bull markets) “mueren” en entornos de euforia, situación que hasta el momento no es aparente y que deja abierta la duda de si estamos cerca o no de una corrección significativa.

Parece que nuestra conclusión sigue siendo válida: la renta variable debe estar alineada con el perfil y la tolerancia al riesgo de cada inversor. No consideramos que la estrategia de comprar y mantener (buy & hold) sea la más adecuada en este entorno, por lo que seguimos decantándonos por una estrategia más oportunista con horizontes de inversión más acotados. A este respecto, volvemos a aconsejarles que consulten con su asesor financiero, quien podrá orientarles sobre los productos que mejor se adaptan a su perfil de inversión en un entorno así de complejo.

Noticias relacionadas

¿Cómo nos afectan las emociones a la hora de invertir?

Las emociones influyen definitivamente en nuestras decisiones. Es por lo tanto vital que analicemos cómo las emociones nos afectan a la hora de invertir, para que siguiendo los consejos de nuestro asesor y los indicadores favorables del mercado, alcancemos en el éxito en nuestra inversión.

El principal problema del inversor

“El principal problema del inversor, e incluso su peor enemigo, es probablemente él mismo” Ésta frase de Benjamín Graham (considerado el padre de la inversión en valor —value investing—) es una de las frases que sin duda me han acompañado durante mucho tiempo y que trato de recordar con frecuencia.