string(7) "interna" Inteligencia Artificial | 27 junio, 2018

Inteligencia artificial: Qué es y cómo la afrontamos

Carlos F. de Córdoba Business Development

Hablamos de “Inteligencia Artificial” (IA) cuando nos referimos a aquellas máquinas o aparatos dotados de una inteligencia símil a la de los seres humanos. Este término fue usado por primera vez por el informático John McCarthy en 1956 y, pese a lo temprano del anunciamiento y del tiempo que ha pasado, todavía no es algo muy común de encontrar en nuestro entorno actual.

Comencemos con un caso práctico:

Está mañana el coche me ha anunciado que estaba escaso de gasolina y tomando datos que conoce (velocidad, localización y consumo) y haciendo reglas de tres ha concluido que su autonomía llegaba hasta un pueblo cercano. Inmediatamente después, y haciendo uso del GPS, me ha localizado en un mapa las cuatro gasolineras alcanzables dentro de su escaso radio de acción, aunque dos de ellas eran menos recomendables por la densidad del tráfico y otra se desviaba un poco de la ruta prestablecida. Impresionante, pero aún lejos de ser IA.

Es fácil observar que el coche tenía mucha información que yo desconocía, incluso ha determinado que la naturaleza del anuncio que transmitía obligaba a buscar combustible intentando sortear puntos azarosos como los atascos… pero no ha decidido nada; y no ha aprendido nada incluso después de “ver” mi decisión.

Por lo tanto podemos definir IA como aquellos algoritmos que corren sobre alguna plataforma informática y que intentan simular el comportamiento del cerebro humano.

La tarea no es menor, máxime si tenemos en cuenta que nos enfrentamos al órgano menos conocido del organismo.

Abundando en el tema, los seres humanos tenemos, además, “intuiciones derivadas de observaciones repetidas y más allá de lo evidente. Cuando comenzamos la travesía de la IA intuíamos que con el tiempo podríamos hacer máquinas que nos vencieran al parchís, a las damas o al ajedrez. Espacios y movimientos limitados y algún tipo de estrategia que programar; muy simple en el caso de las damas y muy compleja en el caso del ajedrez pero factibles ambas. ¿Pero qué decir del póker?, ¿cómo programamos la astucia o el engaño y cuál es su momento estratégico?

Es el momento de encontrar inspiración en la naturaleza: si analizamos cualquier ser natural, observamos que la inteligencia es un hecho encadenado. Más aún, encadenado y basado en la comunicación. Por poner un ejemplo que es tan claro como inquietante: ¿Cuál es el organismo, la hormiga o el hormiguero? Intentando responder a esta cuestión, los científicos se han concentrado en crear pequeños cosmos de inteligencias artificiales especializadas abandonando, de momento, la creación de una IA de tipo general.

Si alcanzamos algún grado de perfección con esta estrategia de tipo celular, el siguiente paso sería emular las redes neuronales que integran nuestro cerebro, utilizar impulsos eléctricos como medio de intercambio de información entre unos y otros y condicionar las reacciones de los algoritmos, no sólo a lo que saben hacer por sí mismos, sino en función de lo que les “cuenten” los otros.

Parece que las cosas, al menos de momento y con algunos obstáculos, entre ellos de naturaleza ética, de los que ya hablaremos, siguen esta tendencia.