string(7) "interna" Educación financiera | 11 enero, 2018

¿Cómo nos afectan las emociones a la hora de invertir?

Raúl Rendon Portfolio Manager

Las emociones influyen definitivamente en nuestras decisiones. Es por lo tanto vital que analicemos cómo las emociones nos afectan a la hora de invertir, para que siguiendo los consejos de nuestro asesor y los indicadores favorables del mercado, alcancemos en el éxito en nuestra inversión.

¿Les resultan llamativas algunas noticias recientes?… Por ejemplo, el cuadro de Leonardo Da Vinci ‘Salvator Mundi’ fue vendido por un precio record de 450 millones de dólares estadounidenses. A mediados de año Argentina colocó bonos a 100 años a pesar de que ha registrado ocho episodios de ‘default’ en los últimos 200 años. ¿O qué decir del precio del bitcoin que alcanzó valores cercanos a los 20.000 dólares de EE. UU. mientras que hace tan solo un año su precio rondaba los 750 dólares de EE. UU.?

Los ejemplos anteriores son recientes, pero la historia está llena de eventos fantásticos que nos hacen recordar que los periodos de burbujas son la norma y no la excepción. ¿Qué decir de la Tulipomanía? ¿O del comportamiento de las acciones de la ‘South Sea Company’, que causó la ruina del mismísimo Isaac Newton?

¿Por qué las personas deciden comprar determinados activos?

El cerebro se puede dividir en tres partes tomando como base sus funciones:

  • La médula espinal y el tallo cerebral responsables de las funciones más básicas de conservación de la vida (respiración, tensión arterial, etc.)
  • El sistema límbico responsable de la motivación, instinto, emoción, aprendizaje y memoria
  • La corteza cerebral (neocórtex) encargada del cerebro racional.

He aquí al culpable: El sistema límbico es la parte del cerebro responsable de la motivación, instinto, emoción y memoria entre otros, siendo este “cerebro emocional” lo que explica porqué los inversores se mueven en grupos, participando en burbujas por estados de euforia o vendiendo sus activos a descuento en periodos correctivos.

El mayor daño que sufren los inversores ocurre cuando memoria y emoción trabajan conjuntamente. A buen seguro sabrán ustedes de algún caso en que, tras una pérdida considerable de dinero, un inversor invierte substancialmente menos de lo que haría en otra circunstancia. O a la inversa, que invierta una cantidad muy superior a la habitual después de una inversión exitosa.

En el artículo escrito por Richard H. Thaler –premio nobel de economía conductual- y Eric J. Johnson (Gambling with the House Money and Trying to Break Even: The Effects of Prior Outcomes on Risk Choice) explican cómo los sentimientos afectan a las decisiones y describen el ‘efecto dinero de la casa’ (house money effect) que ocurre cuando una persona recibe una cantidad de dinero o bienes superior a lo esperado.

Los autores lo denominan el ‘efecto dinero de la casa’ porque se asemeja al comportamiento de los jugadores en los casinos: es habitual que, una vez que los apostadores han ganado dinero, se muestren dispuestos a asumir un mayor riesgo, apostar con menor prudencia, porque tienen la sensación de estar jugando con el dinero de la casa.

Extrapolando lo anterior a los mercados financieros, ¿cuántos de los inversores actuales estarán actuando siguiendo dicha pauta? ¿Cuántos de verdad estarán basando sus decisiones en un entendimiento de la filosofía de un proceso inversor y no solo en las rentabilidades pasadas (bitcoins) de algunos activos que abren las puertas al sistema límbico ansioso por obtener gratificaciones inmediatas?

Es difícil controlar el sentimiento al invertir, porque precisamente como humanos, somos susceptibles de seguir tendencias inconscientemente, influidos por historias y pensamientos de masas, adoptándolos como propias.

La intención de este artículo no es determinar si estamos o no en una burbuja en los mercados de renta variable –u otro activo-; en todo caso, es una invitación a la reflexión sobre cómo tomamos decisiones, sobre todo teniendo en cuenta que si la historia sirve de referencia, en algún momento futuro podríamos tener la tentación de participar en alguna ‘burbuja’ siguiendo un comportamiento de masas.

Sin duda, el inversor debería poner a trabajar la zona analítica de su cerebro –el neocórtex- y dejar descansar su sistema límbico; situación por demás compleja y que necesariamente realza la importancia de tener cerca un asesor de inversiones que tenga la ‘cabeza fría’ y nos ayude a tomar la mejor decisión posible.