string(7) "interna" Te interesa, Vida Saludable | 4 marzo, 2019

Beneficios para la salud del ejercicio físico y los chequeos médicos

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Cinco claves para un corazón sano

Nos hemos acostumbrado a escuchar que los factores que perjudican a un corazón sano son los propios de las sociedades occidentales; sin embargo si eliminásemos las conductas de riesgo evitaríamos el 80 % de las enfermedades cardiovasculares.

Aproximadamente un 30% de la población es sedentaria. Y ello a pesar de que conocemos que la práctica de ejercicio físico de forma regular implica múltiples beneficios para la salud. Una vez nos ponemos a practicar, el tema que nos preocupa sería si el ejercicio realizado es el correcto en cuanto a intensidad, duración y frecuencia teniendo en cuenta nuestro contexto médico. Y si se adapta a nuestras necesidades, objetivos… Para ello, y tras una revisión médica previa, contar con la figura de un entrenador personal, puede suponer toda una ventaja.

Beneficios, ¿cuándo se obtienen?

Los beneficios sobre los principales factores de riesgo cardiovascular (diabetes mellitus, hipertensión y dislipemia), la obesidad y la prevención de enfermedades cardiovasculares son indiscutibles. Pero ¿cuánto deporte debemos hacer para obtenerlos? Nuestro perfil médico va a marcarnos la pauta. Es tan cardiosaludable practicar una actividad física moderada durante 30 minutos y cinco días por semana que uno de intensidad alta durante 20 minutos tres días por semana. Si puedes hacer media hora de intensidad alta todos los días es aún mejor.

Los beneficios médicos de la práctica deportiva son:

  • Ayuda al control metabólico de aquellas cifras marcadas en nuestra analítica con asterisco: glucosa, colesterol, triglicéridos… Es evidente que en algunos casos no es suficiente con practicar deporte. Sin embargo, para aquellos casos de aumentos leves puede evitarnos el inicio de tratamiento médico.
  • Control de la tensión arterial.
  • Potenciación de la densidad ósea y enlentecimiento de la rigidez articular.
  • Control ponderal y metabólico.
  • Tonificación muscular.
  • Reducción de nuestro nivel de estrés. Nos ayudará en la gestión de conflictos.
  • Mejoría de la calidad y cantidad de sueño.

¿Qué entendemos por ejercicio físico?

Si nos ceñimos a la definición exacta de ejercicio físico, vemos que no cabe todo. En sí, sería cualquier actividad o movimiento corporal llevado a cabo por nuestro sistema locomotor que implique la participación de la fibra muscular (contracción-relajación). Esta actividad física supone un gasto energético que lo obtendremos de los depósitos corporales. Nuestra capacidad física funcional y la tolerancia al deporte mejora ante una frecuencia deportiva constante dado que nuestro organismo se adapta a nuestro incremento de demanda de oxígeno y nuestras fibras musculares se acondicionarán para ello. No hay que derrumbarse si ahora no podemos hacer 30 minutos seguidos. Nuestra constancia nos compensará en unas semanas cuando consigamos aguantar una clase dirigida completa.

¿Qué ocurre en nuestro organismo cuando practicamos deporte?

A nivel cardíaco nos encontraremos con un aumento del gasto cardiaco. El concepto de gasto cardíaco hace referencia a la cantidad de sangre expulsada por el ventrículo izquierdo al torrente circulatorio por minuto. Por tanto, dependerá de las veces que el corazón se contrae en cada minuto (frecuencia cardíaca) y del volumen eyectado en cada latido (volumen sistólico).

Durante la actividad deportiva existe un aumento de la demanda de oxígeno, por lo que el corazón reaccionará aumentando su frecuencia cardíaca y su volumen sistólico de eyección para cubrirlo. El volumen sistólico aumenta proporcionalmente a la intensidad de ejercicio hasta alcanzar su máximo a niveles de esfuerzo elevado. En deportistas de élite la capacidad de adaptación cardíaca va más allá pues encontraremos un corazón con paredes engrosadas con un aumento de los capilares coronarios (que aumenta el flujo sanguíneo coronario) y unos volúmenes aumentados. Así, en estado de reposo y para mantener el gasto cardíaco constante, el deportista tendrá un volumen de eyección aumentado y una frecuencia cardíaca disminuida. Por ello, ante un joven con frecuencia cardíaca basal baja la primera sospecha clínica será que realiza una actividad deportiva moderada-alta. Durante el ejercicio físico encontraremos una frecuencia cardíaca moderada en individuos entrenados.

¿Cómo sabemos cuál es nuestro estado de confort durante la actividad deportiva?

Necesitamos asesoramiento. Aunque inicialmente la figura del entrenador personal se contempló como un esnobismo, en la actualidad, la mayoría de los gimnasios cuentan con este experto en las salas.

  • ¿Se puede prescindir de sus consejos? Nuestro consejo sería que, si podemos disponer de uno, lo hagamos. El entrenador personal es una figura clave en nuestra pauta deportiva. No sólo nos marcará el ritmo acorde a nuestra capacidad y disponibilidad. Nos aportará, además, constancia, apoyo, comprensión, firmeza, empuje, fidelidad… Vamos a sincerarnos, ¿cuántas veces hubiésemos dejado de ir al gimnasio y no lo hemos hecho porque teníamos cita con nuestro entrenador personal? ¿Es así? Pues en ese caso, no prescindamos de esta figura, ya que nos ayudará a llevar mejor el esfuerzo a realizar.
  • ¿Cómo se establece dicha relación? Ante todo, el entrenador debe conocer cuál es nuestro hábito deportivo previo, capacidad de adherencia, disponibilidad horaria, tipo de trabajo, perfil médico, motivación que lleva a realizar deporte… Es importante que, ante un momento de debilidad/flaqueza, alguien nos recuerde por qué decidimos reemprender la vida deportiva y ese impulso psicológico es el que nos motivará, nuevamente, a continuar.

Chequeo médico previo al ejercicio

  • Un chequeo médico previo a la práctica de ejercicio nos permitirá conocer mejor nuestro estado de salud y adaptar la actividad según el resultado y los beneficios que deseamos obtener.
  • Para prescribir el ejercicio adecuado, se tienen en cuenta los antecedentes familiares (patologías) y personales (lesiones, enfermedades, fármacos) y nuestros hábitos.
  • Se recomienda una “prueba de esfuerzo” a todo el que se inicia en la práctica deportiva, especialmente hombres de más de 45 años y mujeres de más de 55, por el aumento del riesgo cardiovascular.

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