string(7) "interna" Innovación | 10 julio, 2017

Alimentación sostenible II: Huertos Urbanos

Raúl Benito Business Development

La sensibilidad ecológica, la concienciación de protección del patrimonio natural que compartimos y la búsqueda y retorno a modos de vida equilibrados y sostenibles son características cada vez más comunes de la sociedad occidental. En las principales ciudades del mundo, desde Londres a Vancouver existen iniciativas principalmente privadas, para incorporar áreas de convivencia entorno a la idea de los huertos urbanos.

Una vez más, Suiza es un país modelo en el terreno de la planificación urbana.

El respeto y el equilibrio entre las zonas urbanizadas y naturales es visible y admirado por todos los que alguna vez han visitado este país.

La ciudad de Zúrich es un ejemplo histórico.  Desde 1692 alberga un concepto de cooperación social en forma de distribución de tierras para fines ecológicos. En origen, fue una iniciativa de la ciudad para facilitar a los ciudadanos de menor poder adquisitivo, de una alternativa para la obtención de alimentos. Sin embargo, en 1909, la ciudad promulgó un edicto que declaraba los huertos comunales, como un “saludable y único estilo de vida donde las familias acuden para escapar del ruido de la ciudad y la polución, en la naturaleza y trabajar el jardín“. El edicto no solo fue un extraordinario y moderno caso de madurez social, sino que además sirvió como herramienta de control civil, animando a personas desempleadas a tener un empleo.

Zúrich cuenta en la actualidad con 20 jardines comunales y 5.500 huertos urbanos que ocupan aproximadamente un 1.5 % de la superficie urbana, administrados por distintas asociaciones. Muchos de estos jardines se encuentran estratégicamente ubicados, y no en el extrarradio como ocurre en Francia o Alemania. Cada individuo es responsable de seguir las estrictas normas de convivencia de cada asociación y de pagar un alquiler mensual.

La tendencia de los usuarios de estos espacios ha pasado de personas de mediana edad de clase media a personas cada vez más jóvenes, interesadas por la alimentación orgánica y educadas en la cultura de la sostenibilidad, con necesidades de retornar a estilos de vida saludables, respetando los órdenes biológicos y los ciclos de vida. Y por qué no decirlo, porque es una moda, considerado “cool” y “hípster” entre los suizos más jóvenes tener un huerto urbano.